| Papua
Nueva Guinea es un destino que suena a misterioso, primitivo,
recóndito e inexplorado. Dentro de este curioso
país, una de las zonas mas aisladas es la conocida
como Tierras Altas, formada por valles por encima de los
2.800 metros y rodeada de montañas con cumbres
entre los 3.500 y 4.500 metros. De entre estos valles
destaca el del Tari, territorio de los “Hombres Huli”,
posiblemente uno de los clanes más representativos
de la región. Este pueblo de guerreros tuvo su
primer y corto contacto con los occidentales a mediados
de los años 50, y desde entonces hasta nuestros
días pocos son los que les han visitado.
Tres
características destacan en este pueblo, la primera
la beligerancia que mantienen con todos los clanes vecinos,
la segunda la generosidad y buen trato que deparan a los
visitantes, y la tercera su carácter exageradamente
presumido, especialmente en los hombres. Todos los guerreros
Huli se pintan la cara diariamente con llamativos colores
y decoran todo su cuerpo con plumas y plantas. Sus tradiciones
hacen que los hombres pasen por un retiro durante casi
un año, durante el cual son sometidos a ritos de
iniciación. Uno de esos ritos consiste en el tratamiento
de su propio cabello con el cual realizan una enorme y
decorada peluca que les acompañara de por vida.
Pese a la dureza de un trekking de estas características,
unos días de convivencia con los Huli compartiendo
sus chozas y comida, asistiendo a sus ceremonias y contemplando
sus tradiciones es una recompensa mas que suficiente al
esfuerzo realizado.
Otra
cita obligada, cuando se visita Papua Nueva Guinea, es
asistir a un Sing Sing, o ceremonia de cánticos
y danzas. El jefe de cualquier poblado nos lo puede organizar,
pero lo ideal es asistir o uno de los multitudinarios,
que se celebran en diferentes puntos de las montañas.
Desde tiempos remotos, los pueblos de las Tierras Altas
se habian mantenido en una permanente guerra entre clanes.
Tras la Segunda Guerra Mundial, los australianos empiezan
a colonizar algunas zonas, ricas en minas, y es en 1961
cuando el Comisionado del Distrito decide convocar en
la ciudad de Mount Hagen – famosa por sus minas de oro
– a las diferentes tribus de las tierras altas para que
realicen un Sing Sing común y de esta manera fomentar
la comunicación entre tribus, que se mantenía
igual de difícil que en años pasados, y
intentar terminar con los continuos enfrentamientos entre
clanes locales.
Ya
en nuestros días, esa reunión se conoce
como “The Mount Hagen Sing Sing Festival” y se ha convertido
en el evento folclórico más importante de
Papua Nueva Guinea y sin duda alguna el de mayor colorido
y tipismo de todo el planeta.
El
festival, que tiene lugar todos los años en el
mes de Agosto, concentra a más de 50.000 nativos,
ya no solo de las montañas sino también
del delta del Sepik, Enga y Madang. Contemplar a miles
de hombres y mujeres pintados de todos los colores, ataviados
con sus mejores galas, con sus armas tradicionales y entonando
sus cantos es un espectáculo sobrecogedor. Los
Hulis, hombres de barro, hombres musgo, hombres esqueleto,
serpiente, pájaro, Yandara, Waghi y así
hasta un total de 60 o 70 tribus y clanes distintos. Un
acontecimiento incomparable y que por si mismo ya es suficiente
motivo para visitar este excitante país.
Otra
región de indudable atractivo para el visitante,
aunque totalmente diferente a las Tierras Altas, es la
cuenca del río Sepik, al norte del país.
El Sepik tiene una longitud de 1.126 Km., siendo gran
parte del mismo navegable. Los pobladores de esta zona
no destacan por su colorido y vistosas vestimentas, como
en los pueblos de las montañas, sino todo lo contrario.
Su aspecto cotidiano es simple y muy primitivo, pero sus
poblados y la artesanía que les rodea es de una
tremenda riqueza, al igual que sus tradiciones, con curiosos
rituales. Por el Sepik Oriental, se pueden realizar cruceros
fluviales o más en plan aventura, desplazándose
en canoa, durmiendo en los diferentes poblados ribereños.
La parte alta del río, es aún más
virgen, y más complicado de acceder, pero las expediciones
a esta región garantizan una vivencia única.
El viaje se puede completar con la visita de las principales
ciudades y algunos Parques Nacionales, sin dejar la obligada
extensión bien a la zona de Milne Bay o al Mar
de Bismarck, para sumergirse en sus arrecifes y visitar
los peculiares poblados de las diferentes islas.
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